Actitud y aptitud.

 

El debate entre actitud y aptitud o habilidades es muy recurrente en la bibliografía sobre las organizaciones.

Las habilidades, al tratarse de comportamientos cotidianos, son el resultado de las características innatas, de los conocimientos y de las actitudes de la persona. Las características innatas son aquellos aspectos genéticos que afectan al comportamiento y que resultan difíciles de cambiar. Por tanto, al hablar de desarrollo de habilidades, conviene concentrarse en el desarrollo de conocimientos, actitudes y habilidades.

Las vías para conseguir cada uno de estos desarrollos son la información, la formación y el entrenamiento, respectivamente.

Los conocimientos se obtienen a través de la adquisición de nuevos datos. En otras palabras, información cuantitativa y cualitativa sobre la realidad. Así, para desarrollar cualquier tipo de habilidad por ejemplo, negociación, trabajo en equipo o gestión del tiempo–, es conveniente empezar por adquirir conocimientos teóricos sobre el tema.

No obstante, la transmisión de conocimientos no es un proceso automático. Para incorporar efectivamente la nueva información al repertorio de conocimientos ya existente, se requiere claridad de planteamiento por parte del emisor, un medio de transmisión adecuado y, desde luego, un cierto grado de apertura mental y de esfuerzo intelectual por parte del receptor.

Y aquí empieza lo verdaderamente difícil, ya que trabajar actitudes resulta mucho más complicado que trabajar sobre aptitudes. En principio, pocas personas muestran una buena predisposición a modificar sus actitudes.

Las actitudes son aquellas motivaciones que una persona posee frente a la acción. El desarrollo de unas actitudes adecuadas requiere de un proceso de formación que capacite a la persona para anticipar las consecuencias de sus acciones y de sus omisiones. De este modo, su capacidad para evaluar la realidad adquiere mayor profundidad.

Como consecuencia de ello, la persona puede tener nuevos motivos para la acción. Por ejemplo, una persona que posea conocimientos teóricos sobre cómo trabajar en equipo no va a querer necesariamente trabajar de esta manera. Para hacerlo precisa, en primer lugar, tener muy claro la conveniencia de trabajar en equipo en algún caso concreto y, desde luego, contar con una formación adecuada puede ayudarlo a descubrir las consecuencias positivas que el desempeño en equipo tiene, tanto para su persona como para los demás. Pero, al final, únicamente si esa persona quiere verdaderamente trabajar en equipo será capaz de desarrollar esa competencia. Este mismo discurso es válido para cualquier otra competencia.

Las habilidades pueden definirse como aquellas capacidades operativas que facilitan la acción. El desarrollo de habilidades requiere de un proceso de entrenamiento. A través de la repetición de actos se van adquiriendo nuevos hábitos y diferentes modos de actuar que resultan eficaces.

Los conocimientos, las actitudes y las habilidades no se desarrollan de manera aislada. Interactúan dinámicamente en la formación de las habilidades sobre la base de las características innatas de cada persona.

En este modelo, el proceso de decisión que conduce a la acción se inicia por dos tipos de conocimiento: el abstracto y el experimental. El primero incluye los datos teóricos y la información a la que nos hemos referido más arriba, tales como conocimientos. El segundo procede de la experiencia (de vivencias y de experimentos).

El conocimiento experimental produce una motivación espontánea hacia la atracción de la conducta. La actitud frente a una acción puede provenir de una motivación espontánea o racional. La racional aparece cuando la persona, ejercitando su libertad, utiliza su conocimiento para anticipar las posibles consecuencias de la acción. La racional nos conduce a actuar según la conveniencia de la acción.

La virtualidad es el hábito que permite decidir según la motivación racional; es decir, de acuerdo con lo que conviene hacer y no según lo que es más atractivo. Para que la decisión se transforme en acción, se requieren las habilidades operativas correspondientes. Finalmente, como consecuencia de la acción, se desarrollan todavía más las habilidades operativas y se producen nuevos conocimientos experimentales.

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