Y a ti, ¿Cuándo se te ocurren las mejores ideas?  Ivi González

 

Solo el 10% de las ideas se nos ocurren mientras trabajamos; el resto las tenemos mientras realizamos otras actividades muy diferentes como pasear, dormir, hacer deporte o cualquier actividad que nos relaje y con la que disfrutemos. Ya Einstein y Arquímedes nos contaban que sus mejores ideas se les ocurrían mientras estaban en la ducha.

La causa de esto es que durante las horas de trabajo nuestro cerebro tiene que atender a muchos estímulos a la vez. Estamos sobrecargados de pensamientos que se centran casi siempre en el pasado o el futuro del tipo: “Ayer no pude terminar el informe”, “tengo que preparar la reunión de las 12 h”, “hay que recoger a los niños a las 16 h”, “creo que hice el ridículo ayer con mi jefe”…

Sometemos al cerebro a mucho estrés y esas no son las condiciones con las que le gusta funcionar, por lo que así no le vamos a sacar mucho partido. Funciona mucho mejor cuando estamos en calma, relajados y centrados en el presente, el aquí y el ahora.

Te prepongo unas claves para encender la bombilla de las buenas ideas:

  1. Observa y conoce cuáles son tus ritmos y tus momentos de más rendimiento: hay personas que a primera hora están muy despejadas, otras necesitan que avance más el día para tener su momento álgido. No será fácil tener una gran idea si estás cansado.
  2. Organiza tus tareas, de forma que aproveches esos momentos para las más difíciles, y dedica los momentos de más cansancio o menor rendimiento para otras más fáciles y que requieran menos concentración. Organizarte de esa manera ya le restará estrés a tu cerebro.
  3. Ten claro el objetivo. Tu cerebro necesita saber exactamente qué es lo que quieres hacer, y si no lo sabes, tenlo claro también. Necesitamos darle una dirección; una línea de pensamiento en la que trabajar.
  4. Si no se te ocurre nada, no insistas sentado en la silla; sal a pasear, habla con algún amigo o compañero, haz deporte y sobre todo, haz algo que te guste y te relaje. Ese tipo de actividades son las que nos centran en el aquí y el ahora; son las que descongestionan nuestro cerebro y hacen que le podamos sacar el máximo rendimiento.

Es un error pensar que si estamos haciendo una actividad que nos relaje estamos perdiendo el tiempo. En realidad solo le estamos dando a nuestro cerebro la oportunidad de trabajar, y si tiene una línea de acción, no lo olvidará, y no parará hasta dar con la solución. Imponerle trabajar bajo estrés ya hemos visto que no da buenos resultados.

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