El coach y sus herramientas de motivación. JD Roman

Existen esencialmente cuatro razones básicas por las que las personas no cumplen como deberían hacerlo:

  1. No saben lo que deberían saber.
  2. No saben cómo hacerlo.
  3. No saben por qué deberían hacerlo.
  4. Hay obstáculos fuera de control.

Estas cuatro razones por las que las personas no cumplen desplegando todo su potencial constituyen, sin duda, responsabilidades asociadas al liderazgo. Las tres primeras razones se refieren a comenzar un trabajo bien. Un programa de desarrollo, una descripción de trabajo, contar con las herramientas adecuadas y con la visión, tener una buena comunicación suponen un largo camino hacia el cumplimiento efectivo de las tres primeras razones. La cuarta y última razón ocasiona que muchas personas no puedan conseguir su desempeño potencial. Los problemas surgen continuamente en el trabajo, en el hogar y en todos los ámbitos. Es evidente que a las personas no nos gustan los problemas, nos cansamos pronto de ellos y tendemos a hacer todo lo posible para librarnos de estos. Lo dicho provoca que otras personas pongan las riendas del liderazgo en manos de usted, si es que usted está dispuesto y puede atacar los problemas de los demás o capacitarlos para resolverlos. Siempre será necesario contar con habilidades para resolver problemas, evidentemente las personas siempre tendremos problemas. Y, cuando estos aparecen, observe con atención adónde acuden las personas en busca de solución. La prueba del líder es desarrollar la capacidad de reconocer un problema antes de que este se convierta en una emergencia. En condiciones de un liderazgo efectivo, un problema rara vez adquiere proporciones gigantescas porque suele ser reconocido, gestionado y solucionado en sus etapas iniciales. Los grandes líderes, por lo general, reconocen un problema en la siguiente secuencia:

  1. Lo presienten antes de verlo (intuición).
  2. Comienzan a buscarlo y formulan preguntas (curiosidad).
  3. Reúnen información (procesamiento).
  4. Expresan sus sentimientos y sus descubrimientos con unos cuantos colegas de confianza (comunicación).
  5. Definen el problema (escritura).
  6. Revisan sus recursos (evaluación).
  7. Adoptan una decisión (dirección).

Y todo eso lo consiguen mayormente a causa de su actitud; y al igual que nuestras actitudes constituyen un elemento esencial en nuestras vidas cotidianas, también son muy importantes a la hora de dirigir a otras personas. El liderazgo tiene menos que ver con la posición que con la disposición. La disposición de un líder es trascendental porque ejercerá influencia en la manera en como los coachees piensan y sienten. Los grandes líderes saben que una actitud adecuada genera la atmósfera ideal para que los demás respondan dando lo mejor de sí mismos. Nuestras actitudes son, pues, nuestro activo más importante. Tal vez no sean el activo que haga de nosotros grandes líderes, pero sin unas actitudes adecuadas jamás llegaremos a desarrollar todo nuestro potencial. Son nuestras actitudes las que nos otorgan ese pequeño margen extra sobre aquellos que piensan equivocadamente.   Un informe publicado hace unos años en Estados Unidos, señalaba que el 94% de todos los directivos cuyas empresas estaban incluidas entre las “Fortune 500” atribuían su éxito más a la actitud que a cualquier otro ingrediente. Recientemente, una conocida compañía de investigación solicitó a los vicepresidentes y a los directores de personal de las cien organizaciones más grandes de Estados Unidos que mencionaran la razón más importante por la que llegaban a despedir a un empleado. Sus respuestas son muy interesantes y destacan la relevancia de la actitud en el mundo de los negocios. Estas son las razones que arguyeron:

  • Incompetencia: 30%
  • Incapacidad para trabajar con otros: 17%
  • Deshonestidad o mentira: 12%
  • Actitud negativa: 10%
  • Falta de motivación: 7%
  • Errores o negativa para seguir las instrucciones: 7%
  • Otras razones: 8%

Conviene destacar que, aunque la ausencia de habilidad (aptitud) ocupa el primer lugar en la lista, las siguientes cinco razones están directamente relacionadas con asuntos de actitud. La diferencia radica, por consiguiente, en la actitud. Las personas con pensamientos negativos pueden comenzar bien, tener unos cuantos días buenos e incluso ganar un partido. Sin embargo, tarde o temprano (por lo general temprano), sus actitudes los derrumbarán. Somos responsables de nuestras actitudes. Nuestro destino en la vida no será determinado jamás por nuestro espíritu quejumbroso o por contar con unas elevadas expectativas. Una frase de un célebre escritor resulta muy apropiada en este punto: “El pesimista se queja del viento. El optimista espera que cambie. El líder arregla las velas”.

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