Aprendizaje en adultos . JD Roman.

Se puede apreciar que, a fin de cuentas, el coaching es una manera de aprender destinada a adultos.
Hasta hace muy pocos años, “aprendizaje” y “educación” devenían en conceptos que automáticamente nos hacían pensar en niños y adolescentes. No obstante, niños, adolescentes y adultos, todos, aprendemos constantemente a lo largo de nuestra vida. Justamente, las evidentes diferencias entre adultos y niños nos hicieron pensar durante mucho tiempo que el aprendizaje y la educación eran exclusivos de los infantes. Existen dos disimilitudes principales en el aprendizaje de niños y adultos: la primera está relacionada con la madurez mental y los procesos cognitivos que nos facilitan hacer inferencias más allá de la información recibida. La segunda se centra en la experiencia acumulada.

Si bien los adultos tenemos –supuestamente– la capacidad para realizar esta evaluación y decidir lo mejor para nosotros, no siempre emitimos este comportamiento. ¿Cuántas veces hemos pensado que no debemos hacer algo pero, al formar parte de nuestra rutina, lo llevamos a cabo? ¿A quién no le ha sucedido que quiera decir algo, pero sienta la presión social que nos “exige” que digamos otra cosa y, por lo tanto, decimos lo que esperan de nosotros y no lo que realmente queríamos decir?

El coaching está en línea con los conceptos de aprendizaje de adultos, ya que, como hemos visto, por más que los adultos tengamos la posibilidad de ser críticos con nuestras decisiones y con nuestro aprendizaje, eso no quiere decir que necesariamente lo seamos. Las razones pueden ser variopintas: la rutina, la pereza, la falta de costumbre, poseer una baja autoestima, etc.

En los adultos, el coaching viene a facilitar este aprendizaje. El coach trata de reflejar la realidad del coachee, sirviendo de espejo para que el adulto adquiera conciencia de su realidad y pueda ser dueño de sus acciones. Las personas que han participado en procesos de coaching sienten que tienen el derecho a decidir por sí mismas y asumen la responsabilidad de sus acciones.

A continuación vamos a profundizar en el contexto económico y social que está permitiendo que se acepte este planteamiento. Ya hemos avanzado una clave importante: si no existe presión externa, nadie se replantea sus modelos de aprendizaje. En otras palabras, nadie sale de su zona de confort.

Para salir de la zona de confort, hemos de ser “provocados”, y una forma muy sencilla de hacerlo es a partir de preguntas.

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