Admitimos las diferencias, pero no la toleramos. María Rodríguez

 Cada día nos relacionamos con personas diferentes. En el refranero español solemos definir la diversidad como “cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre”.

Y aun sabiendo y siendo conscientes de que esto es una realidad, pocas veces toleramos esas diferencias.

¿En cuántas ocasiones has pensado:  “no me entiende”, “no hay manera”…? Tanto en el plano profesional como en situaciones cotidianas, con nuestra pareja, amigos o colaboradores…

Sabemos y afirmamos que somos diferentes, pero no lo toleramos. La tolerancia implica una capacidad de aceptar las diferencias de opinión, de creencias y de sentimientos, comprendiendo que las diferencias son naturales e inherentes a la condición humana.

Cada persona, sin duda, es un mundo y más cuando se levanta. ¿Qué quiero decir con ello?       ¿Por qué esa resistencia a la tolerancia?

Percibimos las situaciones, personas o la información recibida según nuestro “patrón mental”. Nuestro cerebro no da la misma importancia a lo que sucede en nuestro exterior o interior…  Nuestros valores son distintos y nos guiamos por motivaciones diferentes.

Cuando expresamos: “no puedo entender que no le guste leer”, estamos haciendo un juicio de valor y estamos manifestando que lo nuestro es lo bueno y no lo del otro. Si sentimos como positivo que las personas hablen, se relacionen, se expresen o que “sean simpáticas”, consideraremos raras a las personas que no interaccionan mucho o que no les gusta compartir determinados aspectos de su vida.

Si creemos que las emociones son la base de la vida, no comprenderemos que haya personas que sean, según nuestro criterio, ”frías”. Que no tengan en cuenta en el trabajo que no sólo son los resultados… Que las personas van antes que cualquier otro aspecto. Estamos volviendo a juzgar o recriminar comportamientos.

¿Lo nuestro es lo correcto? Bueno… No sería capaz de afirmarlo… Sería muy complicado hablar de los valores en estos términos.

Estoy exagerando con el propósito de clarificar el mensaje que os quiero transmitir.

Ya que no sólo hay diferencias entre países o culturas, sino que la diferencia está delante de ti, en el momento en que nos relacionamos con otro que no soy yo. El enriquecimiento aflora de esa diversidad que debemos admitir como natural. Y sé que es fácil escribirlo, pero mucho más complejo hacerlo.

A lo que sí os invitaría es a reflexionar sobre este aspecto que, sin duda, posee gran peso en nuestra realidad diaria y que nos puede ayudar mucho a optimizar nuestras relaciones interpersonales.

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