¿POR QUÉ PERDEMOS LA ILUSIÓN?. María Rodríguez 

La ilusión es una emoción positiva que nos mueve a conseguir nuestros objetivos y lo hace con gran actividad, alegría y energía. ¿Estás de acuerdo?

Cuando nos encontramos inmersos en este estado, sacamos nuestra mejor versión. Somos capaces de generar una energía que ni éramos conscientes de tenerla… Es, sin duda, una de las mejores experiencias que podemos sentir. Sin embargo, esa misma energía se puede transformar en una enorme apatía donde parece que “tus pilas” se han desgastado… Donde sólo el hecho de pensar lo que “deberías hacer” se torna en una montaña ante ti.

¿Te ha ocurrido comenzar un proyecto que has esperado durante mucho tiempo y que cuando se hace realidad pierdes la ilusión? Recuerda, echa la vista atrás: ¿Qué es lo que hizo que te ilusionaras por estudiar un máster, ir al gimnasio o aprender a pintar? ¿De qué depende la ilusión?

Hay dos procesos cognitivos que explican la falta de ilusión: la atribución y las expectativas. Es decir, la causa que atribuimos a las consecuencias derivadas de nuestros actos y las expectativas que esas atribuciones generan. Pero déjame que te ponga un ejemplo: Seguro que después de un verano de excesos, el día 1 de septiembre te pones a dieta. Consigues superar la primera semana con gran ilusión y compromiso. Sin embargo, el día 8 empiezas a  comer galletas entre horas y por la noche te preparas una pizza 4 quesos. ¿Por qué declina la ilusión de verte saludable de nuevo?

¿Tu motivación interior no es la misma? ¿Atribuyes tu falta de compromiso a que no es un buen momento para hacerlo o a qué nunca serás capaz de hacerlo sola? Si tu mente te dice que no podrás, las expectativas serán negativas y, por tanto, no habrá esperanza de conseguir que adelgaces.

Luego, intervienen otras razones como la falta de entendimiento, de cooperación, de sueños no compartidos por el resto, la falta de transparencia en la comunicación, las críticas no constructivas, el afirmar en vez preguntar, el pre-juzgar, los dobles mensajes,… Como ves, suelen ser motivos que afectan más a la relación personal (emociones) que a la tarea u objetivo (lo que queremos conseguir).

Por ello, y por si a ti también te ha pasado, te sugiero que busques un lugar y momento para ti, para hablar contigo mismo/a, y te plantees en una hoja en blanco y con un bolígrafo (negro sobre blanco):

  • Qué tienes y quieres
  • Qué no quieres y tienes
  • Qué no tienes y no quieres
  • Qué quieres y no tienes

Este análisis te va a mostrar “a vista de pájaro” dónde debes invertir la energía.

  • Dando valor a lo que tienes y quieres y no dejarlo en el olvido por poseerlo.
  • Poniendo acciones específicas para eliminar aquellos elementos que no deseas.
  • Siendo consciente de que las cosas pueden empeorar…
  • Marcándote nuevos objetivos (con fecha establecida y real, midiendo tus resultados y con herramientas específicas) que sean un reto para ti y no un agobio, y tampoco que sea tan sencillo que no te motive.

Una simple herramienta que, sin duda, te ayudará si eres honesto contigo mismo.

Recuerda esta frase de Tesi Tafich Romo: “Las rutinas se heredan; las ilusiones se crean”.

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