LA CULTURA DE EQUIPO TAMBIÉN LA HACES TÚ. María Rodríguez

Son cientos los artículos que se publican sobre la “cultura organizativa”. De hecho, uno de los mayores dolores de cabeza de las empresas viene determinado por este aspecto.

Pero, ¿qué entendemos por cultura organizativa? Si buscas el concepto en internet encontrarás más de 16 millones de entradas… ¡Qué barbaridad!

Nosotros nos referimos a un patrón básico de comportamiento que se produce en una determinada organización y que es compartido por los miembros de la misma.

Pero, ¿qué entendemos por cultura? Todos formamos parte de una sociedad y, por tanto, compartimos un patrón de principios que nos identifican y diferencian de otras, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

¿Qué elementos tiene la cultura?

Hablamos básicamente de:

  • Valores
  • Normas
  • Creencias
  • Símbolos
  • Idioma
  • Conocimientos y tecnología

¿Crees que podríamos añadir algún elemento  que identifique a la cultura en este siglo XXI?

Pero volvamos a la cultura organizacional. Si lo entendemos como un conjunto de valores, creencias y pensamientos que comparten los miembros de una organización que les reportan identidad y defensa frente a otras organizaciones, ¿cuáles son sus funciones?

  • Transmite un sentimiento de identidad a los miembros de la organización
  • Refuerza la unidad de la organización frente a los valores, creencias y sentimientos individuales
  • Ofrece ideas y proposiciones aceptadas para la toma de decisiones; un control y guía de los comportamientos de las personas que participan
  • Transmite valores y formas “de hacer/sentir” que motivan a los miembros de la organización y que facilitan la cohesión del grupo
  • Promueve la creatividad, la calidad y el compromiso en la organización a través de un proceso de comunicación abierto, accesible y transparente

Ahora, dejemos de hablar en términos teóricos. Necesito tu colaboración.

En tu equipo, ¿cómo es la cultura? Algunas de las respuestas a estas preguntas pueden ayudarte en este aspecto:

  • ¿Los miembros del equipo están informados claramente de sus tareas?
  • ¿Sabemos qué debemos hacer y cómo hacerlo de forma efectiva?
  • ¿Se verifica que el objetivo es el mismo para todos?
  • ¿Los miembros del equipo saben cómo contribuyen con su trabajo? El para qué…
  • ¿Los miembros del equipo son conscientes de la trascendencia de su trabajo en el mismo?
  • ¿Se fomenta el apoyo y la colaboración?
  • ¿Se pide ayuda cuando nos encontramos atrapados ante un problema?
  • ¿Expresamos lo que pensamos o sentimos de forma honesta y clara?
  • ¿Somos asertivos en nuestra comunicación?
  • ¿Se comparte el conocimiento?
  • ¿Las reuniones son productivas?
  • ¿Se aportan ideas para solucionar problemas?
  • ¿Se tiene en cuenta la tarea y la persona?
  • ¿Se premia el esfuerzo tanto como el resultado?
  • ¿Se dan las gracias o se solicitan las cosas por favor?
  • ¿Se pide perdón cuando se producen equivocaciones?
  • ¿Se producen críticas constructivas?
  • ¿Se producen esfuerzos para solucionar conflictos?

Todos formamos parte de la cultura de equipo. El compromiso también está en nosotros.

Si de verdad queremos crear una cultura de equipo, necesitamos identificar comportamientos que debemos eliminar.

Como sugerencia:

  • Analiza con tu equipo las normas, reglas o comportamientos que serían clave tanto para la tarea como la relación.
  • Identifica dónde nos encontramos con respecto al mismo. Por ejemplo: grado de información con respecto a la tarea. Imagina que el resultado es un 4. Ya sabemos que debemos trabajar este punto.
  • Elegir 2-3 acciones que son prioritarias en este momento (estas deben ser votadas por el mismo grupo).
  • Establecer el objetivo para llevar a cabo las acciones (recordad que un objetivo debe cumplir con los criterios SMART (ser específico, medible, alcanzable, retador y con fecha)). No sería un objetivo: mejorar la comunicación, ya que es general, no específico… Sí sería un objetivo “identificar 4 acciones específicas que optimizarían mi comunicación y traerlas a la próxima reunión por escrito el 20 de noviembre, a las 17 horas”.
  • Revisar las acciones.
  • De gran importancia es saber si lo estamos haciendo o no y los motivos. Es frecuente llegar a decisiones y luego no revisar las acciones.
  • Tomar acción sobre las desviaciones.

Las preguntas que hemos apuntado en el artículo pueden ayudarte a una primera reflexión.

Nadie puede silbar una sinfonía. Se necesita una orquesta completa para tocarla. HE Luccock

LinkedIn
Twitter
Instagram
Facebook
Pinterest