¿Por qué siempre hay que elegir?. Mayte Almeida

Una vez me preguntaron qué me gustaba más: si la feria de Málaga, la de Córdoba o la de Sevilla… Y contesté que me gustan todas y que en la medida en la que pueda, espero no perderme ninguna. ¡Qué manía con hacerte elegir! Plantéate la cantidad de veces que te dan a elegir, sobre todo por preferencias. Cuando hay una pregunta anterior, ¿por qué tengo que elegir? Hay un ejemplo muy típico de esta idea: “¿A quién quieres más: a tu padre o a tu madre?” Pregunta mezquina, porque presupone un corazón muy pequeño del que tiene que contestar… ¿De verdad? Querer a los dos por igual y mucho me parece una opción factible para el corazón de cualquiera.

¿Qué prefieres: una reunión eficaz o divertida? ¿Trabajo duro o sentido del humor? Sigo sin entender porqué tengo que elegir cuando, en mi experiencia, las dos cosas se pueden dar en simultáneo. Es cierto que hay ocasiones en las que efectivamente la simultaneidad no es factible, pero siendo así, ¿no puede ser secuencial? Parece que el hecho de que una de las opciones, puntualmente, sea la adecuada, anula las otras sine die. El que en un momento dado tengamos que centrarnos en trabajar duro, ¿impide que podamos reírnos después?

La próxima vez que te planteen una disyuntiva de elección, hazte la siguiente pregunta: ¿Por qué tengo que elegir? ¿No puede ser todo? A lo mejor es difícil que sea a la vez, pero seguramente será factible que sea una cosa después de otra. Si no en ese momento, después. No cierres puertas ni permitas que otros te las cierren a ti.

 

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