Habilidades en las que se basa cada estilo de liderazgo para ser efectivo

  • Visionario: Empatía. Confianza en uno mismo y en los demás. Inspiración. Conciencia de uno mismo. Capacidad para catalizar los cambios. Transparencia.
  • Coaching: Conciencia de uno mismo. Empatía. Sinceridad. Creación de vínculos. Confianza en los demás. Comprensión organizacional. Desarrollo de los demás.
  • Democrático: Trabajo en equipo. Gestión de los conflictos. Influencia.
  • Social: Empatía. Colaboración. Gestión de los conflictos. Creación de vínculos.
  • Timonel: Orientación al logro. Iniciativa.
  • Autoritario: Influencia. Orientación al logro. Iniciativa.

Estas habilidades se pueden desarrollar a través de la propia observación, del feedback de los colegas y de los coachees, de lecturas, de asistencia a cursos de liderazgo emocional o, todavía mejor, integrándonos en un proceso de coaching.

El coach/líder no da órdenes sino que comparte objetivos, no sanciona; detecta, neutraliza y disuelve los obstáculos en el desempeño de las personas y de los equipos que están bajo su responsabilidad.

Las herramientas esenciales para un coaching eficiente son la aplicación correcta de la inteligencia emocional, el diálogo que modela la conciencia emocional indispensable y la confianza que posibilita la descentralización de autoridad en auténtica delegación.

Poder determinar el nivel de conciencia emocional de las personas y de los equipos constituye la habilidad prioritaria que utiliza el coach. Ello se determina con un adecuado diagnóstico y con una pertinente “parametrización” de las emociones básicas que caracterizan a los miembros de la organización y al equipo en el que se mueve el coach/líder. Al fin y a la postre, son nuestras emociones las que nos lo permiten hacer, pues nos predisponen a actuar de una forma y no de otra.

El flujo emocional y su gestión posibilitan logros en las personas que, sin la asistencia de esta inteligencia múltiple, no resultarían posibles. Esa corriente emocional es la que el coach/líder debe aprender a orientar. Dicha tarea no resulta sencilla, compromete profundamente y, consecuentemente, obliga a quien la ejerce a no traicionarse. Tal vez por ello es tan poco practicada y es tan disfrazada.

Debiera alcanzarse una gran capacidad de diálogo, de escucha activa, pero este desafío rara vez se logra, pues con frecuencia no prestamos atención al centrarnos en la otra persona y, en consecuencia, no escuchamos.

Sin lugar a dudas, requiere mucho menos esfuerzo conducir desde el miedo que desde el dominio de la emocionalidad de la confianza. Creando monstruos se manipula y se estimula el factor de la desconfianza. En cambio, desarrollando un ámbito de confianza se otorga libertad decisoria, se delega. Ello suele motivar pero también, al mismo tiempo, resultar “peligroso”.

Debiera sustituirse el miedo que produce desconfianza por la confianza. El verdadero coach/líder, es, ante todo, un creador, un generador y un arquitecto de confianza.

El mayor porcentaje de la actividad de gestión debería estar dedicado a practicar las aptitudes emocionales (la empatía, la flexibilidad, el dominio de las emociones, la escucha activa, la tolerancia, la dirección consciente de la simpatía, etc.) y a motivar a las personas para que ofrezcan lo mejor de sí mismas a la organización. Los recursos humanos no se tienen, se merecen.

Entendemos que esta descripción y su implementación, a través de un entrenamiento programado para el desarrollo de un coaching emocional, constituyen una de las llaves de oro para el éxito.

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