El éxito. María Rodríguez

 

¿Qué entendemos por “éxito” y qué entendemos por facilitar el éxito?

Sigamos consensuando algunos significados: el éxito lo define el coachee. En la relación de coaching es pues el coachee quien define qué es y qué no es el éxito; así, el coach ayuda al coachee a alcanzar algo (el éxito) que el mismo coachee ha definido (con o sin la ayuda del coach).

Facilitar implica que el coach va a adoptar un rol por el que va a ayudar a su coachee a tener más posibilidades de conseguir el éxito, tal como lo define el propio coachee. En contrapartida, el responsable de este éxito va a ser el propio coachee, quien va a llevar a cabo las decisiones. Mientras, el coach se limita a actuar como eso, como un coach.

Disponemos entonces de una relación en la que dos o más personas interactúan, de una forma tal que una de ellas ayuda a la otra a conseguir sus objetivos.

Si mantenemos este contexto como criterio general, contemplaremos que existe una serie de puntos clave que nos permitirán evaluar si una relación es o no de coaching.

Primeramente, hemos mencionado que esta relación a la que llamamos “coaching persigue unos objetivos (de éxito) que están definidos por una de las partes de este vínculo (al que hemos llamado “coachee”). Resulta trascendental establecer este punto de partida. El coach no marca el objetivo de la relación de coaching, sino que lo define el coachee. El coach facilita que su coachee alcance los objetivos que el propio coachee ha definido.

En este marco relacional, se pueden producir muchas posibilidades de actuación distintas: el coach tiene innumerables maneras de facilitar el éxito de su coachee; así, en función del tipo de objetivos que este haya definido, la estrategia más adecuada será una u otra.

Este es el principio de la flexibilidad. La misma receta quizá no sea aplicable a todas las situaciones, así que cuanto más flexible sea el coach a la hora de facilitar que su coachee alcance el éxito, tanto más éxito tendrá él como coach.

Si una variable es la naturaleza de los objetivos (del éxito tal y como es definido por el coachee) y esta variable influye en la flexibilidad que el coach debe tener para ser eficaz, otra variable es la naturaleza misma del coachee que, como persona única que es (con unos deseos, inquietudes y anhelos únicos, con una forma de pensar y de tomar decisiones únicas, con unas convicciones sobre los límites de su mundo y de sus capacidades únicas) reclama una estrategia a medida.

En este marco, no importa qué utilice el coach para facilitar el éxito del coachee. Los medios, en este sentido, están supeditados a los fines. Esto permite que el servicio de coaching adopte muchas formas distintas: coaching sin transferencia de experiencia, coaching management, telefónico, de grupo, en marketing estratégico de servicios personales… Finalmente, no tiene tanta importancia si el coach transfiere o no su experiencia si con ello su coachee tiene éxito; carece de relevancia si el coach es una persona contratada por la organización o es una persona interna de la propia entidad; si es formal e institucionalmente un coach o hace de coach sin llevar esta etiqueta; no importa la forma en la que se produce esta relación de coaching; no importa el número de personas que están implicadas ni el área de aplicación del servicio… Lo que es verdaderamente relevante es que, en el marco de esta relación, el coachee alcance el éxito tal y como él lo ha definido.

Para identificar las mejores áreas de aplicación, comencemos por identificar posibles “éxitos”.

Una forma muy sencilla de hacerlo, consiste en identificar situaciones deseadas, por ejemplo, áreas de nuestra vida que pensamos que podrían ser mejor de lo que son en este momento. Las posibilidades son muchas:

  • Una persona sin pareja puede querer compartir un proyecto de futuro con alguien especial.
  • Un estudiante con dificultades en los exámenes de física puede querer mejorar en esta habilidad.
  • Una persona de negocios sin tiempo para la familia puede querer encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida privada.
  • Un escritor novel puede desear ver publicada su primera obra.
  • Un profesional independiente (léase arquitecto, abogado, psicólogo, jardinero, electricista o conferenciante) puede desear hacerse con una clientela fiel.
  • Una persona insatisfecha con la forma en como se gana la vida puede querer realizar un cambio.
  • Una persona que no encuentra sentido a su vida puede desear encontrarlo.
  • Una familia desavenida puede querer armonizar sus relaciones.
  • Un empresario emprendedor puede querer lanzar un nuevo negocio.
  • Un universitario puede desear mejorar su habilidad para exponer su tesis en público.

Las posibilidades son numerosas. ¿Qué tenemos ahora? Un conjunto de situaciones en las que unas personas desean que se produzca un determinado cambio. Dicho cambio, a su vez, constituye un criterio que podemos utilizar para definir el éxito: para cualquier persona, el éxito será pasar de su situación actual a su situación deseada.

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