La creatividad simplemente es la forma más intensa de pensamiento por medio de la cual, con la eliminación de las barreras o bloqueos mentales, se obtienen alternativas de solución para los problemas, se plantean nuevas ideas de utilidad social o se hacen los preparativos para el futuro.

Por eso, para enfrentarse a los retos del mundo contemporáneo, se necesitan directivos que puedan combinar efectivamente el pensamiento racional y lógico con la visión creativa y el juicio intuitivo. Por esta razón, debiera modificarse la tendencia imperante en la educación hacia el racionamiento analítico, con una exclusión casi total del razonamiento intuitivo, y dejar suficiente espacio a la intuición y al desarrollo del pensamiento creativo.

Además, el proceso creativo se hace más productivo con la utilización de listas de comprobación, la apreciación del valor de las ideas, la solicitud y el intercambio de estas, el patrocinio de la diversidad de intereses y la satisfacción de las necesidades individuales. Las operaciones rutinarias y tediosas, en las cuales hay una mínima participación del pensamiento, impiden la creatividad. Y sin creatividad, podemos encontrarnos desamparados ante el permanente cambio que, como sabemos y padecemos, se viene acelerando en las últimas décadas.

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