Debe existir una oportunidad para innovar, es decir, alguna necesidad para ejercer la creatividad. Esta oportunidad puede ser para mejorar condiciones concretas o bien tratarse de una amenaza que requiera una respuesta inmediata para sobrevivir (antes de convertirnos en ranas cocidas). A menudo, la exigencia de ser creativos proviene de un problema concreto que ha de resolverse lo cual, por otra parte, facilita el poder convertir un inconveniente en una ventaja competitiva.

 

En una empresa, el proceso nace con una intención, con la sensación de que algo podría ser de otro modo, con el propósito de querer cambiar una situación existente (mejorar la eficacia de las reuniones, reducir el tráfico de correos electrónicos, incrementar las ventas, reducir los gastos, potenciar el trabajo en equipo entre departamentos, etc.). Todo ello lleva a buscar una oportunidad.

 

La búsqueda y detección de oportunidades requiere dedicar tiempo al pensamiento, a lo que se denomina una “gimnasia del pensamiento”, una reflexión que supone la exploración sin formalidades, la imaginación libre y diversa. Algunas veces, sin embargo, la existencia de una oportunidad asume la forma de un “problema”.

 

A nivel de la cúspide organizativa, la definición del problema estratégico corresponde a la construcción de la visión o de la misión, ya que con una clara definición de la principal intención de la empresa ésta se podrá orientar de una mejor forma hacia la resolución de los problemas.

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