Esta etapa corresponde a la elección de una opción o a un consenso en las ideas planteadas. La alternativa elegida debe evaluarse e instrumentarse y cada una de estas actividades puede estimular nuevas oportunidades.

 

Con la aplicación del proceso se pretende determinar un punto de partida, detectar una dirección de las alternativas posibles, sobre el cual se generarán las ideas y el camino a seguir. La forma en que se defina esta dirección será la raíz de las ideas que se generen posteriormente. No se busca resolver el problema, sino que elaborar un “enfoque” que permita encontrar ideas para resolverlo.

 

Se trata de decidir si la idea seleccionada es valiosa, ya que éstas surgen de manera incompleta, desordenada y confusa; por lo tanto, las ideas deben revisarse y evaluarse para dotarlas de calidad y del grado suficiente de perfección para comprobar su adecuación al problema determinado[1].

 

Una vez que las soluciones hayan sido evaluadas, se lleva a cabo el proceso de toma de decisiones, en donde las personas tendrán que definir y poner en marcha la solución que más convenga.

 

Al evaluar, se debe tener presente que la idea sea novedosa y original como rasgo general.

 

Por lo tanto, las ideas deben ser transformadas en soluciones, las cuales funcionarán siempre y cuando sean útiles y beneficien a alguien o a un grupo de personas. Una buena solución debe gustar, tiene que vender, tiene que ser coherente, imaginativa, pero a la vez comprensible, no puede herir demasiados intereses, debe ser arriesgada y prudente a la vez.

 

Además se debe determinar cada uno de los pasos a seguir en la aplicación e implementación de la solución elegida para que, posteriormente, se pongan en práctica estas ideas, activando con ello la resolución de problemas; ello significa “de facto” implantar una innovación, donde estas ideas se hacen tangibles, transformándose en un nuevo producto, servicio o proceso.

[1]          Una vez las personas nos convencemos a nosotras mismas de que realmente somos creativos, generar ideas resulta relativamente sencillo. De hecho, ésta es la parte «fácil» de la creatividad y de la innovación.

 

El desarrollo de esas ideas, su perfeccionamiento y, eventualmente, lograr apoyo para esas ideas es sin duda la parte más complicada.

 

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