Una reciente investigación ha concluido que los estudiantes obtenían puntuaciones significativamente más elevadas en unas pruebas si, tras intentar hacer esas pruebas, iban a dormir y volvían a repetirlas.

 

Al parecer, durante el sueño los participantes averiguaron ciertas pautas que no pudieron descubrir mientras estaban despiertos (las claves y las conexiones ocultas que ayudan a comprender las cosas).

 

La explicación es muy simple: al dormir seguimos estando activos. Los enfoques más habituales que utilizamos cuando queremos resolver un problema, se debilitan mientras dormimos. Esto permite al cerebro pasar a alternativas más innovadoras.

 

El sueño incrementa el rendimiento y la creatividad, aunque las personas no somos conscientes de ello. Dormir provoca un cambio de enfoque que nos saca de ese camino que muchas veces recorremos una y otra vez, como mucho con pequeños giros y con cambios o modificaciones muy graduales.

 

Cuando dormimos, volvemos con una perspectiva reorganizada y, cuando nos despertamos, con frecuencia pensamos que existe otra forma de hacer eso.

 

Esa es la clave de la incubación. Y a menudo de la inspiración.

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